Este número de Brújula Verde nace desde una pausa necesaria: un momento para mirar lo construido, reconocer lo que ha tomado forma y usarlo como punto de apoyo para avanzar. No como un cierre definitivo, sino como el inicio de un nuevo ciclo sostenido en la experiencia, la constancia y las decisiones bien tomadas.
La edición refleja una visión más madura de la sustentabilidad en el IPN, menos enfocada en lo inmediato y más en los procesos que generan impacto a largo plazo. La ciencia se presenta como una forma concreta de responsabilidad ambiental, capaz de llegar lejos cuando cuenta con respaldo, continuidad y confianza. Al mismo tiempo, se amplía la mirada al integrar el patrimonio artístico institucional, reconociendo que la sustentabilidad también se construye desde la memoria, la cultura y la identidad.
Así, Brújula Verde reafirma su papel como un espacio donde convergen conocimiento, experiencia y comunidad para seguir caminando, con mayor claridad, hacia un futuro sustentable.
Cerrar un año es más que marcar una fecha: es un gesto de gratitud y de conciencia. Este cuarto número de Brújula Verde cierra su primer ciclo reconociendo a quienes hicieron posible que esta revista dejara de ser una idea para convertirse en un espacio vivo dentro del IPN. Cada voz, cada texto, cada mirada ha tejido este primer tramo del camino.
Esta edición reúne lo que rara vez coincide: ciencia, arte, palabra, territorio y experiencia. Aquí, la naturaleza no aparece como un objeto de estudio aislado, sino como una forma de sentir, imaginar y narrar el mundo. La sustentabilidad se revela también como memoria, imaginación íntima, cultura y atención a lo vivo.
Entre pérdidas y aprendizajes, este número reconoce que todo cambio deja vacíos, pero también abre posibilidades. Como las mareas, los ciclos se retiran y regresan distintos, renovados. Así ha sido este primer año para Brújula Verde: un aprendizaje constante de movimientos, pausas y renacimientos.
Gracias por acompañarnos hasta aquí. Lo que viene no está escrito del todo. Se pensará y se construirá en comunidad, con la certeza de que incluso cuando una ola se va, el mar conserva su fuerza y su sal.
Vivimos una nueva normalidad climática. Los eventos extremos que antes parecían lejanos o improbables hoy ocurren de manera simultánea y cada vez más frecuente. El clima ya no responde a los patrones del pasado y, frente a esta realidad, diseñar como antes dejó de ser suficiente. La resiliencia ya no es una aspiración técnica: es una necesidad vital.
Este número de Brújula Verde se inscribe en ese punto de inflexión. Con la publicación del Programa para la Sustentabilidad en el IPN 2025–2030, el Instituto da un paso decisivo al fijar una dirección común para anticipar riesgos, ordenar esfuerzos y transformar la sustentabilidad en una estrategia medible y compartida. La resiliencia deja de ser reactiva y comienza a pensarse desde la planeación.
Infraestructura resiliente, sistemas de gestión y biodiversidad se entrelazan aquí como componentes de una misma visión. La naturaleza no aparece como un complemento estético, sino como parte del tejido funcional que protege, regula y fortalece la vida en nuestros campus. Sustentabilidad y resiliencia se encuentran en ese equilibrio entre lo técnico, lo social y lo ambiental.
Brújula Verde continúa así su vocación: ser un espacio donde se reconoce que adaptarse es una forma de cuidar y que prepararse es también un acto de responsabilidad colectiva. El camino hacia campus más justos, resilientes y vitales ya está trazado. Ahora, toca recorrerlo en comunidad.
Durante décadas, el plástico se integró a nuestra vida cotidiana como sinónimo de progreso y comodidad. Hoy, su presencia revela el costo de ese modelo: fragmentos invisibles circulan en los océanos, en los ecosistemas y, ahora lo sabemos con certeza, también en nuestros cuerpos. Lo que fue diseñado para durar siglos se convirtió en un residuo de minutos, y esa contradicción define uno de los mayores desafíos ambientales de nuestro tiempo.
Este segundo número de Brújula Verde parte de un reconocimiento incómodo pero necesario: la contaminación por plásticos no es solo un problema ambiental, es una urgencia de salud pública, de justicia intergeneracional y de responsabilidad colectiva. No basta con gestionar los residuos; es indispensable cuestionar su origen, reducir la producción y transformar los patrones de consumo que sostienen lo insostenible.
Desde el Instituto Politécnico Nacional, esta reflexión se asume como parte de su vocación formativa y científica. Las acciones institucionales emprendidas son pasos relevantes, pero el verdadero cambio requiere una comunidad activa, crítica y corresponsable, capaz de imaginar y construir campus regenerativos y modelos libres de plásticos innecesarios.
Brújula Verde continúa así esta conversación iniciada: un espacio para incomodar, para preguntar y para replantear lo que damos por normal. Cerrar la llave del plástico es, en el fondo, abrir la posibilidad de un futuro distinto. Ese camino aún se está trazando, y nos convoca a todas y todos.
Durante años, la sustentabilidad en el Instituto Politécnico Nacional fue una inquietud compartida por algunos, un conjunto de esfuerzos dispersos y voluntades comprometidas. Hoy, ese camino encuentra un punto de encuentro institucional: la sustentabilidad deja de ser un tema emergente para convertirse en una responsabilidad común y un eje que orienta nuestro quehacer.
La publicación de la Política para la Sustentabilidad Politécnica marca este momento. No como una meta alcanzada, sino como el inicio de un proceso colectivo que reconoce que el desarrollo, la ciencia y la educación solo tienen sentido si se construyen en equilibrio con el entorno y con las generaciones que vendrán.
Esta revista nace desde esa convicción. Brújula Verde es un espacio para mirar lo que ya se ha sembrado, para compartir experiencias, aprendizajes y preguntas abiertas, y para trazar, entre todas y todos, el rumbo que queremos seguir. Aquí convergen la ciencia, la comunidad y la responsabilidad de imaginar un futuro distinto. Hoy iniciamos una conversación que no pretende cerrarse, sino crecer. Este es el primer paso de un camino que se recorre en conjunto. El IPN está listo para transitarlo.
Este cierre de año reúne voces diversas —artistas, estudiantes, investigadoras y especialistas del IPN— para explorar cómo el arte, la ciencia y el territorio se entrelazan con la naturaleza. Desde nuevas miradas sobre la conservación, iniciativas innovadoras, fenómenos urbanos y energías limpias, este número invita a repensar nuestra relación con el planeta a través de historias que inspiran acción y conciencia.
Este número explora la riqueza viva de los campus del IPN y cómo la biodiversidad impulsa soluciones reales frente a la crisis ambiental. Desde hoteles polinizadores y estrategias contra plagas, hasta proyectos que conectan ciencia, comunidad y sostenibilidad, la revista muestra cómo el IPN avanza hacia un futuro resiliente. También aborda temas como ecoansiedad, turismo con raíces y la primera gran ruta institucional hacia una sustentabilidad integral.
Este número revela hallazgos inéditos sobre la presencia de microplásticos en ríos, aire y zonas protegidas de México, así como el avance del IPN en investigaciones que llegan hasta la Antártida. Además, explora el avance global del Tratado contra el Plástico, iniciativas politécnicas para un futuro sin residuos y la urgente necesidad de frenar el uso de plásticos de un solo uso. Una edición que combina ciencia, acción climática y propuestas reales para transformar nuestra relación con el planeta.
Durante años, la sustentabilidad en el Instituto Politécnico Nacional fue una inquietud compartida por algunos, un conjunto de esfuerzos dispersos y voluntades comprometidas. Hoy, ese camino encuentra un punto de encuentro institucional: la sustentabilidad deja de ser un tema emergente para convertirse en una responsabilidad común y un eje que orienta nuestro quehacer. La publicación de la Política para la Sustentabilidad Politécnica marca este momento. No como una meta alcanzada, sino como el inicio de un proceso colectivo que reconoce que el desarrollo, la ciencia y la educación solo tienen sentido si se construyen en equilibrio con el entorno y con las generaciones que vendrán. Esta revista nace desde esa convicción. Brújula Verde es un espacio para mirar lo que ya se ha sembrado, para compartir experiencias, aprendizajes y preguntas abiertas, y para trazar, entre todas y todos, el rumbo que queremos seguir. Aquí convergen la ciencia, la comunidad y la responsabilidad de imaginar un futuro distinto. Hoy iniciamos una conversación que no pretende cerrarse, sino crecer. Este es el primer paso de un camino que se recorre en conjunto. El IPN está listo para transitarlo.