La ESIT proporciona a su comunidad herramientas que les permiten insertarse con facilidad en la industria
En la Escuela Superior de Ingeniería Textil (ESIT), las y los alumnos adquieren habilidades y capacidades para operar, supervisar y controlar maquinaria especializada que dota de materia prima a importantes industrias como la zapatera, automotriz, cementera y del vestido, entre otras, por lo que impulsa un programa de mantenimiento y funcionalidad de equipo en su Taller de Tejido de Punto.
Con una máquina circular Pai Lung, que teje telas para playera, pants, sudaderas y otros artículos para la industria textil, las y los jóvenes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) aprenden el funcionamiento del equipo compuesto por dos estructuras cilíndricas, en una de las cuales se ubican 96 alimentadores de hilo producido en la misma escuela.
El encargado de mantenimiento del Taller de Tejido de Punto, Silvano Benítez Viazcan, señaló que esta máquina opera con 24 agujas por pulgada, que producen alrededor de 400 kilogramos de tela por día.
“Las y los estudiantes aprenden a cargar la máquina con los conos de hilos, conectarlos para que salgan dentro de la máquina y colocar el diseño dentro de la máquina con las levas (dispositivo mecánico que convierte el movimiento rotatorio en uno lineal alternativo). Son capaces de dominar los sistemas de la Pai Lung, detectar alguna falla y verificar la calidad del producto”, aseguró.
Con esta máquina pueden fabricarse telas para zapatos, para la industria automotriz, vestido y filtros, y también para el sector cementero; según el producto requerido se colocan los hilos y se programa el equipo, añadió el ingeniero egresado de esta unidad académica en 1970.
Desde la colocación de hilos hasta el terminado de la tela, las y los futuros ingenieros textiles del IPN dominan el proceso textil, lo cual les facilita su inserción en la industria, dijo por su parte el director de la ESIT, Efraín Robledo Godínez. Otra pieza importante en el Taller de Tejido de Punto es la máquina alemana Karl Meyer, de 1968, que formó parte de un proceso de recuperación y reconstrucción, en el que fueron clave los conocimientos en tejido de punto del ingeniero Silvano Benítez y del ingeniero Juan Carlos Montes Silva, del Taller de Tejido de Calada. “Es una satisfacción ver que la máquina funcione porque otras personas trataron de echarla andar y no se había logrado”, dijo Benítez Vizcain.
El equipo tiene alrededor de un año que funciona en forma, luego de casi tres años de rescate; es tipo laboratorio y, aunque es pequeña, proporciona los principios para la fabricación del tejido, en este caso tricot (a dos agujas), que es utilizado en múltiples industrias.
A pesar de que las máquinas son antiguas, cuentan con la base fundamental que es su desempeño, “y lo que aprenden aquí son los conocimientos para que puedan desarrollarse en la industria de la mejor forma”, dijo Montes Silva.
Por su parte, el estudiante Diego Alessandro Rico Gómez, de octavo semestre, recalcó que conocer este tipo de maquinaria les abre el panorama, porque representan el principio de toda máquina automática o incluso programable.