La científica del CIIDIR Oaxaca pide a las mujeres nunca detenerse para alcanzar sus sueños y anhelos
Cuando María Eufemia Pérez Flores comprendió que la salud tenía una relación directa con la alimentación su camino profesional estaba trazado. Ella eligió estudiar la Licenciatura en Nutrición en el Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud (CICS), Unidad Milpa Alta, porque es la única escuela del Instituto Politécnico Nacional (IPN) que imparte ese programa académico.
Contrario a la imagen tradicional de una nutrióloga que diseña planes de alimentación personalizados, Eufemia Pérez abrazó el camino de la investigación. Su brillante carrera la ha desempeñado con total dedicación y compromiso hasta lograr pertenecer al Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) en el Nivel I.
Oriunda del Estado de México, actualmente es coordinadora de la línea de Seguridad e Inocuidad Alimentaria del Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIIDIR), Unidad Oaxaca y de la Red Nacional de Escuelas que Enseñan Economía Social, Solidaria y Comunal. También es integrante de la Red de Desarrollo Económico y de la Red de Salud, ambas del IPN, además de formar parte activa del Grupo Técnico de Nutrición del Comité Estatal Interinstitucional para la Formación y Capacitación de Recursos Humanos e Investigación en Salud, del estado de Oaxaca.
Como presidente de la academia en Gestión de Proyectos para el Desarrollo Solidario, sus líneas de investigación enfocadas a seguridad y soberanía alimentaria, nutrición y participación comunitaria para el desarrollo rural y el consumo responsable de alimentos tuvieron su origen en las visitas que realizó como parte de las brigadas de servicio social comunitario que envía el IPN a diversos municipios y zonas de bajos recursos en el país.
• ¿Cómo decides elegir un posgrado para esta área del conocimiento?
Una vez que llegamos con las brigadas a las comunidades rurales me doy cuenta que mi preparación no comprendía un aspecto muy importante, el social. Reconozco que el CICS nos prepara muy bien para diagnosticar el estado de nutrición de las personas y elaborar un programa de alimentación, pero muchas veces no tomamos en cuenta el contexto y los alimentos que se pueden consumir en cada región específica.
Entonces decidí estudiar la Maestría en Estudios del Desarrollo Rural, por el colegio de Posgraduados, campus Montecillos, y posteriormente el Doctorado en Desarrollo Regional, en el Tecnológico de Oaxaca, para comprender mejor ese fenómeno alimentario desde un enfoque más integrador, social, antropológico y sociológico que me diera una mejor visión para resolver los problemas que veía.
• ¿En qué momento elige Oaxaca como su lugar de residencia?
En una ocasión, al realizar las jornadas como brigadista, una nutrióloga del CIIDIR Oaxaca nos invitó a una compañera y a mí a hacer un estudio de diagnóstico de nutrición en el estado y me doy cuenta de que con una intervención adecuada se logró mejorar el estado de nutrición de un grupo de menores que fueron sujetos del estudio. Fue cuando nos propusieron quedarnos en Oaxaca para realizar el servicio social, después obtuve la Beca de Estímulo Institucional de Formación de Investigadores (BEIFI), antes PIFI, con la cual me apoyo para desarrollar mi tesis en el estado de Oaxaca y me invitan a quedarme a trabajar en un proyecto de investigación.
• ¿Cuáles han sido sus mayores logros como científica?
He publicado artículos nacionales e internacionales, capítulos de libro y he realizado de divulgación, pero mi mayor logro, que me satisface profundamente, es la docencia, formar a nuevas generaciones con temáticas que involucran un aspecto social de la alimentación. Al día de hoy he logrado graduar a 17 alumnos de maestría, una alumna de doctorado y dos de licenciatura y cuando veo sus temas relacionados con la seguridad alimentaria y las propuestas para que cambie la situación en las comunidades rurales es cuando siento que mi trabajo ha valido el esfuerzo.
• ¿A qué retos se ha enfrentado como investigadora?
Desde niña me he enfrentado a muchos retos porque mi familia era de escasos recursos económicos. Mi papá nos decía a mí y mis hermanos que por cuestiones económicas ya no podía pagar mi licenciatura. Yo le pedí una oportunidad y mi papá me confesó que sus amigos le decían que para qué gastaba en su hija, que seguramente no terminaría la carrera y si terminaba se iba a casar, a tener hijos y se iba a dedicar a atender a su marido. Pero algo que me quedó muy grabado es que mi padre me dijo: “Yo confío en ti y sé que lo vas a lograr”. Con ese apoyo entré a estudiar al Politécnico.
Otro gran obstáculo que se nos presenta como mujeres es que nuestras cargas son dobles si decidimos tener familia; nuestros roles se multiplican al ser madres y esposas, pero basta con ser organizadas para solventar esas situaciones, que no es nada fácil, pero sí se puede.
• ¿Sufrió algún tipo de actitudes machistas a su alrededor?
Ah sí, algunos compañeros de repente no creen en las capacidades que tenemos sólo por ser mujeres. Siempre he tomado la postura de “no me importa lo que digan”, porque yo conozco mis propias capacidades, ignoro esos comentarios y sigo adelante con mi trabajo.
• ¿Se ha especializado en el trabajo de las mujeres de Oaxaca?
Yo investigo sobre la parte social de la alimentación, ahí es cuando en el contexto completo resalta el gran trabajo que hacen las mujeres de las comunidades oaxaqueñas, siempre preocupadas por la salud alimentaria de sus propios hogares. Es una ardua labor y es poco visibilizada. Es entonces que reconozco el impacto que tiene dejar de normalizar esa actitud de ignorarlas. Entonces más que especializarme en las mujeres oaxaqueñas, es el resultado del trabajo de investigación que me ha conducido a identificar ese aspecto.
• ¿Qué les diría usted a las mujeres?
Que nunca se detengan por nada para alcanzar sus sueños y anhelos, que, si nadie más lo hace, ellas se reconozcan a sí mismas primero y que tengan en mente que cada una de nosotras somos muy valiosas y capaces de hacer lo que nos propongamos.
• ¿Cuál es su sentir de ser científica politécnica?
Voy a decir una palabra chilanga: ¡lo más chido y lo que le sigue! Es muy satisfactorio, es un gran orgullo, y a mí me late el corazón fuerte cuando digo Politécnico, porque Politécnico también significa una puerta abierta para enseñar a las nuevas generaciones a llegar con las comunidades a trabajar, no como superior por ser investigadoras, investigadores, sino como su igual para buscar soluciones a las problemáticas del país.