El descubrimiento abre otras rutas diagnósticas y fortalece el compromiso social para mejorar la vida de los enfermos
La enfermedad de Alzheimer representa uno de los mayores desafíos médicos del siglo XXI. No existe una cura definitiva y su impacto es devastador para quienes la padecen y para sus familias. Por ello, el diagnóstico temprano se ha convertido en una prioridad científica mundial.
En este escenario, un grupo de investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN) ha logrado un hallazgo inédito que podría transformar la forma en que se entiende el inicio de este padecimiento, al identificar con mayor precisión la región cerebral donde comienza el proceso neurodegenerativo y, a partir de ello proponer nuevos métodos de detección temprana mediante distintas muestras de tejidos accesibles como sangre y epitelios orales.
Por la aportación que representa este descubrimiento para el diagnóstico oportuno de la enfermedad de Alzheimer, la revista científica Brain Communications, de la Universidad de Oxford, Inglaterra, reconoció recientemente en su portada el trabajo que los politécnicos han realizado durante varios años en colaboración con expertos del Biobanco Nacional de Demencias (BND) de la Asociación Mexicana para la Atención, Estudio del Envejecimiento y Diagnóstico de las Enfermedades Neurodegenerativas (AMPAEYDEN), con sede en la Universidad Politécnica de Pachuca (UPP).
Este reconocimiento, además de validar años de trabajo en neurodegeneración del doctor José Luna Muñoz y de los investigadores Fidel de la Cruz López, Linda Garcés Ramírez, Rocío Ortiz Butrón, Nabil Itzi Luna Viramontes y Emmanuel Aldelmo Reyes Pablo, así como del estudiante de doctorado Javier Cruz Rodríguez, pone en el centro del debate científico a la capa II de la corteza entorrinal del hipocampo cerebral, región que hasta ahora había sido poco explorada.
Punto cero del Alzheimer
El doctor Luna Muñoz –quien fue postdoctorado por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB) y ahora director y fundador del BND– explicó que la capa II de la corteza entorrinal es la vía de entrada al hipocampo y el lugar donde comienza el daño en la enfermedad de Alzheimer. Señaló que, aunque muchos científicos se han enfocado en otras partes del hipocampo, su investigación demostró que dicha zona es la que se deteriora primero y de manera más rápida, por lo que su afectación temprana impacta directamente en los procesos cognitivos.
Aunque reportes científicos habían sugerido en 1991 que la degeneración iniciaba en la corteza entorrinal, no existían herramientas moleculares suficientemente precisas para confirmarlo. Hoy, después de más de tres décadas, la evidencia se consolida con bases bioquímicas claras.
El punto de partida del descubrimiento es el uso del anticuerpo Tau 423, un marcador molecular altamente especializado, desarrollado por el profesor Claude Wischik en Inglaterra.
Este anticuerpo detecta una truncación muy específica de la proteína tau, una modificación que, hasta ahora, sólo se ha identificado en la enfermedad de Alzheimer. El anticuerpo 423 permite observar lesiones en etapas mucho más tempranas (premarañas neurofibrilares) del proceso patológico.
Gracias a una colaboración científica internacional de varias décadas, el equipo de científicos del IPN, del BND y ahora la UPP, ha tenido acceso exclusivo a este marcador. Esto le permitió visualizar lesiones que antes permanecían invisibles para la mayoría de los métodos diagnósticos.
La evidencia mostró que en la corteza entorrinal capa II, los marcadores convencionales pierden sensibilidad rápidamente, lo que explica por qué esta región fue subestimada durante años. Con Tau 423, en cambio, se observa una degeneración profunda incluso antes de que otras áreas del hipocampo resulten afectadas.
Diagnóstico no invasivo
Tradicionalmente, el diagnóstico definitivo del Alzheimer sólo se confirmaba después de la muerte mediante estudios histopatológicos del cerebro. Hoy, el equipo de investigadores ha logrado detectar la proteína tau en tejidos periféricos como linfocitos y neutrófilos en sangre, así como en epitelios orales obtenidos mediante frotis bucal. En estos estudios participan los estudiantes de doctorado Rogelio E. Méndez Llaca e Itzcoatl Ordoñez Lozano.
Dato de interés: Se estima que para 2050 habrá más de 150 millones de personas con demencia en el mundo. La investigación del IPN demuestra que comprender el origen molecular de la enfermedad es el primer paso para frenarla. El doctor Luna Muñoz mencionó que en personas sanas, la proteína tau se localiza en el núcleo celular, pero en pacientes con Alzheimer, se desplaza al citoplasma, un fenómeno similar al observado en neuronas afectadas.
Este patrón permite correlacionar la progresión de la enfermedad con cambios celulares detectables mediante técnicas simples, económicas y accesibles. Por ello, el objetivo es desarrollar métodos que no sean invasivos, de bajo costo, accesibles a la población en general y útiles para diagnóstico temprano.
Además, estos marcadores podrían servir para evaluar si un tratamiento farmacológico está funcionando, algo que hoy sólo puede determinarse tras largos periodos de observación clínica.
El Biobanco: memoria científica del país
Los avances alcanzados por los investigadores del IPN se han conseguido con el apoyo del Banco de Cerebros, fundado por el doctor Raúl Mena López, pionero en neurodegeneración en México y América Latina, el cual desde 1991 había reunido muestras provenientes del Hospital General de México, del Instituto Nacional de Neurología, del Hospital Universitario de Monterrey y de donaciones nacionales e internacionales.
Dicho Banco de Cerebros se transformó en el Biobanco Nacional de Demencias, único en su tipo en el país, cuya sede se ubica en la Universidad Politécnica de Pachuca y resguarda cerca de 18 cerebros, incluidos algunos que presentan enfermedades raras como encefalopatías por priones.
El Biobanco permite comparar cerebros sanos con patológicos y analizar factores regionales de riesgo como obesidad, diabetes y estilos de vida. Además, se integran muestras de otros órganos como intestino, hígado, páncreas y piel para estudiar los posibles cambios de la proteína tau en esta enfermedad neurodegenerativa.
Aunque la enfermedad de Alzheimer no se puede revertir, sí se puede retrasar mediante ejercicio aeróbico, alimentación balanceada, estimulación cognitiva y actividad manual. Estas acciones favorecen la neurogénesis, la maduración neuronal y la neuroplasticidad, prolongando la autonomía del paciente.
El equipo ha iniciado colaboraciones con los doctores Eucario Gonzalo Pérez Pérez y Eric Simancas Acevedo, especialistas en inteligencia artificial, con el objetivo de analizar neuroimágenes, especialmente resonancias magnéticas y tomografías. Con estos recursos tecnológicos, sostuvo el investigador, se podrá medir el volumen de regiones profundas como la corteza entorrinal en pacientes vivos y correlacionar estos cambios con biomarcadores celulares detectados en sangre y epitelios.
“Se trata de una transición histórica del estudio exclusivo post mortem al análisis integral en personas vivas”, afirmó el doctor Luna Muñoz, quien habló del interés por iniciar los trámites correspondientes para contar con una filial del BND en la ENCB para impulsar aún más la ciencia de frontera.