Cuando la IA entra al laboratorio

División de Sistemas Informáticos / Arturo Vergara Pacheco
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La inteligencia artificial comienza a pasar de responder preguntas a participar en la búsqueda de respuestas científicas.

Hasta hace poco, utilizar inteligencia artificial en investigación podía significar resumir un artículo, localizar información o analizar grandes cantidades de datos. Ahora comienza a surgir una nueva posibilidad: sistemas capaces de proponer hipótesis, diseñar experimentos y utilizar herramientas para ponerlas a prueba. El cambio está relacionado con el desarrollo de la llamada IA agéntica, sistemas que pueden ejecutar tareas, tomar decisiones dentro de determinados límites y modificar sus acciones a partir de los resultados que obtienen.

En un laboratorio, esto podría significar contar con un asistente capaz de revisar investigaciones previas, sugerir una línea experimental, diseñar una simulación y analizar los resultados para proponer el siguiente paso: la IA dejaría así de ser únicamente una herramienta de consulta para convertirse en un participante más del proceso científico.

Esta posibilidad ya despierta interés en áreas como la física, la química y la biología, donde analizar enormes cantidades de información y realizar numerosas pruebas puede consumir meses o incluso años de trabajo.

Cuando la IA entra al laboratorio

Más autonomía, nuevos riesgos

Pero darle capacidad de acción a una inteligencia artificial también cambia el tipo de riesgos que deben considerarse. Un sistema capaz de utilizar programas, navegar interfaces o ejecutar instrucciones puede ser muy útil dentro de un laboratorio, sin embargo, esas mismas capacidades podrían aprovecharse para realizar acciones no autorizadas si el sistema tiene acceso a herramientas, información o infraestructura sin los controles adecuados.

Por ello, el reto no consiste únicamente en desarrollar modelos cada vez más capaces. También es necesario establecer qué pueden hacer, qué decisiones requieren supervisión humana y cómo detenerlos cuando su comportamiento se desvía de lo esperado.

El reto para la investigación

La incorporación de estos sistemas podría transformar la manera en que se desarrollan proyectos científicos, por ejemplo: un investigador podría dedicar menos tiempo a tareas repetitivas y concentrarse en interpretar resultados, plantear nuevas preguntas y tomar decisiones.

Al mismo tiempo, aparecen cuestiones que todavía requieren respuestas: ¿quién es responsable de un experimento diseñado por una IA?, ¿cómo se comprueba que sus resultados son reproducibles?, ¿qué ocurre si propone una hipótesis equivocada y actúa sobre ella?, ¿qué información puede consultar o modificar? Para las instituciones de educación e investigación, la llegada de asistentes de IA al laboratorio representa, por tanto, una oportunidad tecnológica y un nuevo desafío de seguridad, ética y supervisión.

La inteligencia artificial podría convertirse en una nueva herramienta para hacer ciencia. El siguiente paso será determinar cómo incorporarla sin perder de vista quién toma las decisiones y quién tiene el control.

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