¿Qué tan invisible eres cuando navegas por Internet?

Coordinación del Portal Web Institucional / Alejandro Barajas
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Imagina que cada vez que entras a una cafetería, dejas una huella invisible en la mesa, en la silla y hasta en el aire. Algo parecido ocurre cuando navegas por Internet: cada búsqueda, cada clic, cada inicio de sesión deja un rastro y aunque existen herramientas para proteger nuestras cuentas y reducir nuestra exposición, navegar por Internet no significa ser completamente invisible.

En The Art of Invisibility, publicado en 2017, el especialista en ciberseguridad Kevin D. Mitnick enfatiza esta cuestión: ¿qué tan difícil es mantener nuestra información privada en un entorno digital en el que prácticamente cada actividad puede dejar un rastro?

La primera barrera: las contraseñas

Una de las formas más comunes de proteger nuestra información es mediante contraseñas, sin embargo, su seguridad no depende únicamente de que sean difíciles de adivinar. Mitnick señala la importancia de utilizar una contraseña diferente para cada cuenta ya que reutilizar la misma contraseña en varios servicios puede convertir una filtración en un problema mucho mayor: si las credenciales de una plataforma quedan expuestas, un atacante podría intentar utilizarlas para acceder a otras cuentas.

¿Qué tan invisible eres cuando navegas por Internet?

Ante la cantidad de servicios que utilizamos actualmente, recordar una contraseña larga y diferente para cada uno puede resultar complicado. Por ello, el autor plantea el uso de administradores de contraseñas, capaces de generar y almacenar credenciales únicas, sin dejar a lado el hecho de que estas herramientas tampoco eliminan todos los riesgos.

Una contraseña maestra protege el acceso al administrador y, si un dispositivo está comprometido por malware capaz de registrar las pulsaciones del teclado (conocido como keylogger), esa información también podría quedar expuesta.

Por ello, proteger una cuenta no consiste únicamente en crear una contraseña compleja: también implica evitar reutilizarla, proteger el dispositivo y utilizar mecanismos adicionales de autenticación.

Una buena práctica consiste también en verificar periódicamente si nuestras cuentas han aparecido en alguna filtración de datos, es por ello que se puede consultar gratuitamente el sitio Have I Been Pwned, donde es posible introducir una dirección de correo electrónico para comprobar si ha sido incluida en alguna filtración conocida, si aparece entre los resultados, conviene cambiar la contraseña de esa cuenta y evitar reutilizarla en otros servicios.

El modo incógnito no te hace invisible

Incluso con nuestras cuentas protegidas, nuestra actividad en Internet puede dejar registros. Mitnick utiliza el caso de una investigación relacionada con los atentados del Maratón de Boston de 2013 para explicar que el historial de navegación puede convertirse en información relevante durante una investigación. A partir de ahí aborda una herramienta que millones de personas utilizan: la navegación privada.

Los modos privado o incógnito de los navegadores evitan que determinados registros de navegación permanezcan en el historial habitual del dispositivo, sin embargo, esto no significa que nuestra actividad desaparezca de Internet ya que la información sigue transitando por diferentes puntos de la red y puede existir información relacionada con nuestra actividad fuera del dispositivo.

En otras palabras, privacidad local y anonimato no son lo mismo ya que una ventana de incógnito puede impedir que otra persona que utilice posteriormente nuestra computadora vea fácilmente nuestro historial, pero no nos convierte en usuarios invisibles frente a los servicios de Internet.

Cada clic puede revelar información

Mitnick explica que no solamente los motores de búsqueda pueden conocer nuestros hábitos: los propios sitios web que visitamos pueden recopilar información sobre nuestra actividad, de esta forma, el siguiente nivel de exposición ocurre mientras navegamos en la red.

El autor utiliza como ejemplo los sitios relacionados con la salud: una búsqueda sobre una condición médica puede quedar reflejada en una dirección web y revelar información sensible sobre lo que una persona está investigando, además, una página puede realizar solicitudes a servicios de terceros mientras se carga y esto permite que elementos como herramientas de análisis, publicidad u otros recursos externos pueden permitir que diferentes compañías conozcan lo que un usuario visitó en determinada página.

No solo importa lo que compartimos de manera consciente ya que nuestra propia forma de navegar también puede revelar información sobre nosotros.

El anonimato requiere más que una herramienta

Ante este panorama, Mitnick dedica el último capítulo a lo que denomina el “arte de la invisibilidad”. El autor señala que existen razones legítimas para que una persona quiera proteger su identidad digital: desde situaciones legales o laborales hasta la necesidad de mantener determinadas comunicaciones privadas.

Pero, para conseguir un anonimato sólido se requiere mucho más que activar una función del navegador, significa mantener separada una identidad anónima de nuestra identidad real, evitando mezclar cuentas, información y actividades que puedan relacionarlas.

Para alcanzar niveles elevados de anonimato, Mitnick incluso plantea utilizar dispositivos o entornos informáticos separados, sin embargo, esto también demuestra algo importante: cuanto mayor sea el nivel de privacidad que buscamos, mayores serán el esfuerzo y las precauciones necesarias.

La privacidad también es una decisión

Hoy es prácticamente imposible navegar por Internet sin dejar algún tipo de rastro y nuestras cuentas, dispositivos, búsquedas y visitas pueden generar información que circula por diferentes sistemas y servicios, sin embargo, proteger nuestra privacidad no significa necesariamente desconectarnos del mundo digital, significa conocer qué información generamos, quién puede acceder a ella y qué herramientas tenemos para reducir nuestra exposición. Como plantea The Art of Invisibility, las huellas digitales forman parte de nuestra vida en línea y reconocerlas es el primer paso para aprender a proteger mejor nuestra información y tomar decisiones más conscientes cada vez que navegamos por Internet.

Fuente Bibliográfica

• Mitnick, Kevin D. (2017). The Art of Invisibility: The World's Most Famous Hacker Teaches You How to Be Safe in the Age of Big Brother and Big Data. Little, Brown and Company.

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